De la memoria al conocimiento
La humanidad, desde sus albores, ha ido externalizando la memoria. Desde las pinturas rupestres hasta Wikipedia, hemos creado exogramas interpretables capaces de conservar conocimiento fuera de nuestra mente.
Pero no nos conformamos con almacenarlo. También externalizamos la forma de localizar la memoria que necesitamos en cada momento mediante índices y referencias, y aprendimos a relacionar unas memorias con otras mediante tablas, vínculos y relaciones.
Ya no externalizamos únicamente memoria: externalizamos conocimiento.
Desde las pinturas rupestres hasta Wikipedia hemos escalado en cantidad, calidad y facilidad de acceso al conocimiento, pasando por la escritura, los libros, la imprenta e Internet. También evolucionaron los soportes: tablillas de barro o cera, piedra, papiro, papel y, finalmente, silicio.
La Mente Extendida
El conocimiento externalizado permite compartir lo aprendido más allá de la persona que lo posee, condicionado únicamente por el acceso a la tecnología en la que está expresado.
Pero para que ese conocimiento sea útil no basta con conocer el código en el que está representado: hay que saber interpretarlo. La interpretación es tan importante como el propio conocimiento.
Hasta ahora, la capacidad de interpretar los exogramas y comprender el código en el que estaban expresados había pertenecido siempre a los seres humanos. Hasta ahora....
Por primera vez en la historia hemos sido capaces de externalizar también la interpretación, mediante la Inteligencia Artificial.
Si la aparición de la escritura, como uno de los grandes hitos de la externalización del conocimiento, marca convencionalmente el paso de la Prehistoria a la Historia, la aparición de una estructura capaz de externalizar la interpretación nos sitúa ante otro cambio de era.